dissabte, 20 de setembre de 2014

ITERA XP Race día 2: Cruzando el estuario de Dwyryd, la costa oeste y la salida del Snowdonia National Park



El segundo día de carrera empezó con el micro-sueño de 15 minutos con el que habíamos acabado la anterior crónica, recordad, en la parte final del trekking de 40 quilómetros en el que habíamos cruzado el Snowdonia National Park.

Esta última parte fue, la más salvaje de todas. Empezábamos con la subida al pico del Cnicht, cruzando una altiplanicie con lagos y zonas muy húmedas completamente a rumbo, con vegetación hasta la cintura y siguiendo trochas de los equipos que habían pasado un rato antes, fue de lo más auténtico y salvaje. Una vez en la cima del Cnicht y habiendo marcado el punto de control fue momento para la reflexión y el nerviosismo, ya que al echar mano del libro de ruta, nos dimos cuenta que en la sección siguiente, un cayac, había de nuevo otra barrera horaria, esta vez mucho más restrictiva, ya que indicaba que todos los equipos que no la superasen quedaban fuera de clasificación.

Aquí entró el “cague”, nos faltaba un control más por marcar en la cima del Moelwyn Mawr, una montaña que veíamos a tocar con la punta de los dedos pero a la que llegaríamos haciendo un rodeo al valle que nos separaba de ella. La decisión fue tomada unánimemente, por culpa del tiempo que habíamos perdido en la tirolina no podríamos completar esta sección, nos faltaría una baliza, así entraríamos en el “short course”, pero seguiríamos adelante. Bien, seguiríamos adelante siempre y cuando llegásemos al corte horario. 

Éramos conscientes de que el corte estaba en medio de la sección, en una pequeña orientación en el pueblo de Portmeirion, pero ni Alex ni yo que estábamos encargándonos de la orientación sabíamos a qué distancia estaba. A pesar de todo, habría que correr para llegar hasta Maentwrog, donde estaba situado el final de la sección, a partir de allí ya veríamos.

Fue una bajada del Cnicht a lo bestia, por tarteras de losas graníticas bajando a toda velocidad, y luego unos 7 u 8 quilómetros corriendo sin parar por asfalto que sin duda, nos pasarían factura, pero aquél no era el momento de pensar en el futuro, había que entrar en el corte.

Llegamos a final de sección habiendo adelantado a un equipo que ya venía en “short course”, ya sabéis, mal de muchos, consuelo de tontos… justo 30 minutos antes de la puerta horaria de Portmeirion, pero no estábamos en Portmeirion sino a unos 6 quilómetros de allí a remo y teniendo en cuenta que en medio teníamos un porteo de 3 quilómetros de los cayacs. El mundo estaba a punto de derrumbarse cuando la organización nos dio una buena noticia, más adelante os cuento cual es, antes una pequeña introducción de la siguiente sección en la que estaba esta puerta horaria.

Con 28 horas, 56 minutos y 22 segundos de carrera, nos encontrábamos en el Centro de observación del Snowdonia National Park en Maentwrog. Dispuestos a enfrentarnos a la sección 4, 40 quilómetros de cayac. Los primeros 6 quilómetros, se trataban de remar por el precioso río Dwyryd, típico de la campiña galesa con sus curvas interminables y sus prados verdes a los lados, hasta entrar en el estuario con el mismo nombre, dónde deberíamos de hacer un porteo de unos 3 quilómetros andando para superar el Briwet Bridge que estaba en obras y por seguridad no podíamos cruzarlo remando. Después volveríamos al agua y cruzaríamos el estuario hasta Portmeirion, donde haríamos una sección de orientación por el atípico pueblo digno de cuento de Walt Disney, para entrar a mar abierto y remar los siguientes 30 quilómetros hasta Barmouth. Y aquí viene la noticia de la que os hablaba anteriormente. El estado de viento y oleaje no había mejorado respecto al día anterior, y en mar abierto las condiciones para remar eran muy difíciles, a la par que peligrosas. Así de fuerte era el viento que estaba afectando hasta a los equipos que se encontraban en medio del estuario, y muchos de ellos se encontraban neutralizados en Portmeirion hasta que el viento aminorase. Debido a estas condiciones, de nuevo el cayac en el mar había sido eliminado, y se haría el trozo de mar en bicicleta hasta Barmouth.

El precioso río Dwyryd con sus parajes galeses
A nosotros estos cambios nos afectaron de la siguiente forma, deberíamos salir remando e ir hasta mitad del estuario, donde la organización había dispuesto las bicicletas para llegar a final de sección. Pues bien, esta corta sección de remo fue de las más duras que recuerdo. Por si no lo sabíais, todas las carreras de esta envergadura, son diseñadas y pensadas para los equipos que van delante luchando por ganar. Los que no tenemos este privilegio, tenemos que conformarnos con lo que vaya pasando, y en esta ocasión, la marea nos jugó una muy mala pasada. Nos tocó empezar a remar cuando la marea estaba retrocediendo, llegando a la bajamar, esto nos ayudó a la hora de empezar a remar, ya que íbamos muy rápido en los primeros 200 metros, a partir de allí, el río tenía cada vez menos agua y teníamos que ir leyendo muy bien el cauce para no quedarnos embarrancados en la arena y el barro. Tuvimos que tirar del cayac un par de veces cada embarcación, Caroline y Raul en una, Alex y yo en otra, y lo sorteamos más o menos bien hasta el porteo ya previsto a la entrada del estuario, lo peor vino después. El estuario ya es una zona donde la marea tiene una afectación enorme y cuando nosotros llegamos allí nos encontramos con un barrizal enorme que teníamos que cruzar. Remar era imposible, quedaba algún charco con un palmo de agua siendo generosos, dejar los trolleys para arrastrar los cayacs era inútil, ya que el barrizal hacía que nosotros nos hundiésemos en el barro igual que las ruedas, así que tocaría arrastrar como se pudiese los cayacs hasta la otra orilla donde nos esperaban las bicicletas.

La orientación en el pintoresco pueblo de Portmeirion

Fue un martirio, nos hundíamos cada 2 pasos hasta las rodillas, los cayacs con el peso que cargaban costaban 3 veces más de arrastrar y avanzábamos muy poco a poco, hasta que al final conseguimos llegar a la otra orilla, encontrándonos ya con más equipos (llevábamos muchas horas de completa soledad), que habían sufrido también lo suyo para llegar allí.

El estuario o barrizal de Dwyryd

Tocaba subirse de nuevo a la bicicleta, para transitar unos cuantos quilómetros por la carretera A496 paralela a la costa oeste galesa. Como os podéis imaginar, si nos habían cortado el cayac por olas y viento, en una carretera paralela a la costa, no había olas pero pegaba el viento que hasta costaba mantener la línea recta. Habíamos gastado muchas fuerzas en el final del trekking intentando llegar en el tiempo, habíamos quemado los músculos cruzando el estuario y ahora teníamos que pedalear con todas nuestras fuerzas para intentar avanzar en la bici sin caernos por culpa del viento, menuda racha llevábamos! Y no os cuento qué caras de pena se nos estaban poniendo a todos! Además, en al parte final, la organización nos había preparado la sorpresa de subir al collado de Bwich y Rhiwgyr, un sendero completamente en línea recta, con piedras sueltas del tamaño de un balón de rugby, con viento de costado y subiendo del nivel del mar a 500 metros en unos 4 quilómetros, un regalito más. Después del collado, una bajada técnica y una buena pista para llegar a Barmouth con 35 horas y 57 minutos de carrera, listos para enfrentarnos a la segunda noche de carrera.

En la transición de Barmouth, decidimos cargar bien las fuerzas, comimos y bebimos bien para recuperar en la medida de lo posible, un arroz con una lata de atún y algo de chocolatinas para recuperar calorías, cambiarse la ropa, limpiarse los dientes y la cara, zapatillas y a correr. Durante la segunda noche nos esperaba un nuevo trekking, con 40 quilómetros y 2500 metros de desnivel, cruzando en primer lugar el estuario de Mawddach por un precioso puente peatonal compartido con el tren, subiendo montaña arriba y pasando por las cimas del Craiglas, Carnedd Lwyd, Cadair Idris, Foel Ddu y Tarrenhendre, montañas de menor entidad que la noche anterior, pero más que respetables a oscuras y con casi 2 días de carrera.

El puente peatonal a la salida de Barmouth vigilado por el Cadair Idris

Empezamos la noche cuesta arriba, la seguimos cuesta abajo, para repetir este ciclo tantas veces que ya perdí al cuenta, no hubo prácticamente ni 1 metro llano, subíamos y bajábamos constantemente. La mayoría de los caminos eran senderos muy pequeños, cubiertos de piedra suelta y hierba que, con la humedad de la noche, nos mojaba los calcetines y nos mantenía los pies en una humedad constante. Debido a esto, Raúl empezó a sentir los pellizcos de las ampollas al andar, y cuando la molestia ya se hizo insoportable, sobre las 3 de la madrugada, decidimos parar a hacerse unas curas a base de limpieza, secado de pies, antiséptico, un antiinflamatorio vía oral y arriba y debajo de nuevo.

En la parte final del trekking los senderos prácticamente desaparecían, y los que quedaban estaban tapados de vegetación y muy complicados de interpretar durante las horas de noche que quedaban, por suerte pocas. Al rato aparecieron las primeras luces del día, estábamos ya cerca Machynlleth, final de sección, y con esto todo parece más fácil. En aquél momento necesité desconectar del mapa para hacerle un reset al cerebro, dejar de pensar durante unos minutos, y Alex tomó la responsabilidad en la navegación hasta el final. Pero no puedes cantar victoria hasta que llegas, y junto con las primeras luces del día apareció también otro elemento muy típico de las tierras inglesas y no se trata de té, sino la lluvia.

La lluvia trastoca la psicología humana en carrera, siempre supone una bajada de moral muy grande para todos los corredores, y nosotros no fuimos la excepción. Al empezar a llover el mundo se viene encima y pierdes la concentración, así cometimos el error de navegación más grande de toda la carrera, un error de principiantes que nos hizo perder un buen tiempo al estar leyendo el mapa con una desviación de 90 grados respecto a la vertical norte, así empezaba nuestro tercer día en ITERA Expedition Race, perdidos en las últimas estibaciones del Snowdonia National Park.

Llega la lluvia y aquí nuestro error tan cerca del final!

dijous, 18 de setembre de 2014

ITERA XP Race día 1: Travesía del estrecho de Menai, la costa norte de Gales y la bienvenida al Snowdonia


El lunes día 11, el despertador sonó muy temprano. La noche había sido lo más larga posible, y el descanso con los nervios de la carrera había sido mínimo. A las 6 de la mañana nos plantamos en el buffet de desayuno del hotel, una última comida caliente a base de huevos, beicon, salchichas y las inglesas “baked beans” para llenar de gasolina el depósito. El tiempo pasó muy rápido, y al cabo de una hora teníamos que estar ya en la salida para recoger los GPS, las fotos oficiales y salir a las 8 en punto.

Los momentos previos a la salida, soledad y concentración
La salida de la carrera, en el precioso pueblo norte-galés de Caernarfon, se haría desde el interior del magnífico castillo de la ciudad, un castillo que seguro vivió mil y una batallas contra piratas y bárbaros conquistadores en sus tiempos de uso, pero nunca había vivido el inicio de una batalla tan peculiar como la nuestra. De salida, se harían 2 vueltas corriendo al pueblo, para después dirigirnos a la zona dónde los cayacs estaban aparcados, cargarlos con el material y empezar a remar en la primera sección en serio de la carrera.

Pero unos minutos antes saltó la primera sorpresa, el director de carrera, James Thurlow, hizo un llamamiento a los capitanes y nos reunió en el centro del castillo para explicarnos que la primera sección se tenía que acortar. La segunda mitad del cayac transcurría a mar abierto, y el día se había levantado con vientos muy violentos y olas de hasta 3 metros que hacían muy peligrosa la travesía. La organización había decidido que remaríamos hasta el muelle de Bangor, donde se acababa el estrecho de Menai y empezaba el mar abierto, y que allí nos informarían de como seguía la carrera. Personalmente odio no tener las situaciones bajo control, la incertidumbre me genera intranquilidad.
La sección 0, a modo de exhibición en el pueblo de Caernarfon, trataba de 2 vueltas al pueblo hasta llegar a los cayacs. Para perder el menor tiempo posible en la subida a la embarcación, decidimos ya vestirnos con la ropa acuática, neoprenos, pantalones impermeables, chaquetas, y aunque pasamos un poquitín de calor en los 3 quilómetros de carrera a pie, lo soportamos para llegar al cayac con más ganas de mojarnos.

Instantes antes a la salida en el bonito castillo de Caernarfon
Así pues, llegamos a los cayacs con el “pelotón”, y nos dispusimos a asegurar las mochilas y la bolsa estanca de equipo encima de las embarcaciones. Con la incertidumbre que nos depararía la segunda mitad de sección, como no sabíamos que es lo que pasaría, decidimos también cargar los carros para portear los cayacs, por lo que pudiera pasar, fuimos los únicos que lo hicimos, y tampoco hubiese sido necesario. La navegación consistió en la travesía de sur a norte del estrecho de Menai, saliendo de Caernarfon hasta Bangor. A primera hora de la mañana, la marea estaba en su punto álgido de plenamar, y realmente, con nuestra mentalidad mediterránea nos dimos cuenta de la fuerza del agua en un océano como el Atlántico, ya que la corriente de la marea doblaba las boyas a casi 45º de inclinación, y por supuesto, nos hacía volar por encima del agua.

Mantuvimos un buen ritmo, aunque desde el principio estuvimos pensando que éramos unos pésimos remadores (lo somos) y que el resto iban todos mucho más rápidos que nosotros, descubrimos al final que no lo hacíamos tan mal, o bien que la corriente nos había ayudado mucho, y que llegamos con equipos con buenos remadores, la cosa no había ido mal, y en menos de 2 horas nos plantamos en el muelle de Bangor.

Allí era donde nos tenían que informar, y nos comentaron que dirección de carrera había decidido que se debería acabar de completar la sección de cayac hasta Conwy con la bicicleta, sobre el mapa nos indicaron la ruta a seguir, un GR marcado de arriba abajo y llegar a final de sección. Así pues los temidos 40 quilómetros de remo se convertirían en unos 20 más 20. La parte de BTT fue muy bonita, subiendo ya las primeras colinas siguiendo el North Wales Path, y con unas vistas magníficas sobre la costa norte de Gales.

A las 4 horas y media nos plantamos ya en Conwy para disputar la sección especial de orientación por dentro del fantástico castillo y las murallas medievales circundantes, un entorno lleno de turistas que se sorprendían al ver a tantos equipos buscando las bases sportident para marcar su paso. Una sección de orientación rápida, ya que en 30 minutos exactos estábamos de nuevo en las bicicletas para seguir con el desarrollo previsto de la carrera.

Magníficas imagenes del equipo en la orientación por el Castillo de Conwy

Una vez aparcados los cayacs, tocaba la que debería ser primera sección de BTT (aunque realmente fuese la segunda),40 quilómetros con 1000 metros de desnivel entre Conwy y el Lago de Ogwen, en las primeras estibaciones del Snowdonia National Park.

El recorrido de la BTT transcurría en dirección contraria a la que había sido BTT inicial, pero unos quilómetros más al interior, es decir, con colinas algo más altas y las mismas preciosas vistas sobre la costa norte. En la parte final de la sección, cuando el recorrido se dirigía definitivamente hacia el interior, estaba situada la prueba especial del Zip World, que coincidía con el primer corte horario de la carrera. El Zip World, es según nos anunciaron, la tirolina más rápida del mundo, 2 quilómetros y medio en los que se llega a velocidades cercanas a los 160 km/h. La tirolina está situada encima de una antigua enorme cantera de granito, que con las dimensiones del agujero de extracción, hace que ni te enteres de la velocidad a la que bajas. Con 9 horas y 11 minutos de carrera llegamos pedaleando al Zip World (la puerta horaria estaba en 12 horas y media).

La vista des de la cima del Zip World
A pesar de llegar con mucho margen a la tirolina, había que tener en cuenta que acarreaba una pérdida de tiempo muy grande para los equipos del gran grupo. En primer lugar, porque era el punto dónde habría que cumplir la sanción establecida en el prólogo, los famosos 33 minutos que aprovechamos para comernos una pedazo de hamburguesa del chiringuito local, además de la lentitud en la cola de equipos para bajar. Había que remontar andando unos 3 quilómetros hasta la cima de la tirolina para después bajarla en pocos segundos, junto con la penalización de tiempo, estuvimos en el Zip World justo 1 hora y 59 minutos, imaginaros la lentitud! La pérdida de tiempo fue enorme y como veréis nos perjudicó en la resolución de la sección siguiente. Pero bueno, tocó disfrutar de la tirolina, volver a montarse a la bici, y llegar al lago de Ogwen al final de la tarde.


La siguiente sección se presentaba como una sección clave, un trekking de 40 quilómetros y 3500 metros de desnivel cruzando el corazón del Snowdonia National Park, pasando por las cumbres del Tryfan, el Glyder Fach, el Glyder Fawr, y el famoso Snowdon cima más alta de País de Gales, junto con el Yr Aran, el Cnicht y el Moelwyn Mawr, un buen número de cimas que, aunque la más alta no supera los 1085 metros de altura, se encuentran en una paisaje y entorno digno de la alta montaña.

Sabíamos que gran parte de este trekking se haría de noche, por lo tanto había que ganar tiempo y salir cuanto antes a por las montañas, y en la transición llegaron los primeros momentos de estrés y nervios. La subida hacia la primera baliza de la sección y primera cima, el Tryfan, debía hacerse por un recorrido obligatorio con pasos no equipados de grado 2 y 1, así pues todos nos apuramos a entregar el material para intentar pasar la parte técnica con luz del día, bien todos menos Raul, que como buen novato del equipo estaba aún en fase de aprendizaje y se llevó ya una de mis primeras broncas (lo siento Raul por todas ellas, pero te las merecías ;)) por tener que esperarlo durante unos minutos.

Finalmente salimos corriendo a toda prisa y conseguimos pasar los pasos técnicos con luz solar, fuimos el último equipo en hacerlo, y estuvimos seguros que los que venían detrás sufrieron de lo lindo! Una vez en la primera cumbre, había que progresar por la cresta hasta el siguiente control en el Glynder Fawr, y aquí descubrimos él porque habíamos fichado a Caroline para el equipo, conocía la zona y conocía muchos pequeños trucos que hacía nos ahorrásemos pequeñas grimpadas arriba y abajo que otros equipos hacían por ir siguiendo la cresta. Esto nos hizo ganar tiempo, y alcanzamos un par de equipos que iban por delante de nosotros ya con la noche bien entrada rodeados del encanto de andar por la montaña con las luces de los frontales.

El siguiente control se encontraba en la cima del Snowdon, un lugar emblemático en la literatura galesa. Es una montaña muy turística, hasta un tren llega a su cima, y todos los caminos que conducen a la cumbre están muy marcados y no tienen pérdida. Pero para llegar a estos caminos hay que desenvolverse orientando de noche. Las faldas de las montañas galesas tienen la peculiaridad de ser auténticas alfombras de hierba y en estas alfombras es maravilloso echar mano a la brújula y clavar los rumbos.

Una vez culminado el Snowdon, con ya 18 horas y 46 minutos de carrera (casi a las 3 de la madrugada), tocaba seguir cresteando hasta el Yr Aran, una montaña menos turística, y por lo tanto con un flanqueo mucho más lento y en el que teníamos que poner los 5 sentidos para no desviarnos de la ruta establecida, uuufff como lo sudamos!! Tardamos casi 2 horas en llegar a la cima, pero llegamos, y después tocaba bajar ya con las primeras luces del día.

La bajada transcurría por un auténtico laberinto de muros de piedra, riachuelos, y campos de helechos que nos llegaban a la cintura. Con las primeras luces del día, llegó mi tradicional bajón post-primera noche, el que ya me esperaba, y Alex tuvo que acarrear la responsabilidad de la orientación, cosa que hizo a las mil maravillas.

Una vez acabada la bajada llegamos al pueblo de Coed Craflwyn, perdido de la mano de Dios, y allí decidimos hacer la primera parada para un micro-sueño ya que Caroline y yo íbamos durmiendo. Fue un sueño corto y reparador, y en 15 minutos volvimos a estar de pie para seguir adelante después de la primera noche de carrera y las primeras 24 horas.

La parada por micro-sueño, las caras una auténtica postal

dimarts, 16 de setembre de 2014

ITERA Expedition Race Wales 2014 parte 1: Los días previos y el prólogo



Las grandes carreras siempre empiezan con nervios, con nervios de saber que se va a sufrir, nervios por el no saber lo que va a deparar el recorrido, y nervios por las preocupaciones de que todo vaya a salir bien. Para la gran carrera del año, nuestras preocupaciones y nuestros nervios empezaron demasiado pronto, cuando un mes antes de la salida no teníamos aun la componente femenina del equipo, y cuando después de encontrarla gracias a un post de facebook, Caroline se caía entrenando y acababa en el hospital con 5 puntos de sutura a dos semanas de la salida. Al final todo se quedó en esto, en nervios y preocupaciones, y sobre todo en una sonrisa en la cara cuando ahora nos viene a la cabeza, pero así empezó nuestra participación en ITERA Expedition Race.

Nuestro viaje a Gales empezó la mañana del 8 de agosto, cuando Raul y yo nos encontramos con Alex y nos llevaron al aeropuerto a por el avión. En el aeropuerto, la primera nota cómica del día, la cara del chico que nos facturó las maletas, cuando nos vio delante suyo con las tres enormes cajas con las bicis i el material, no sabía ni el peso máximo, ni donde teníamos que entregarlas, ni como facturarlas! Después de que el avión saliese con retraso, por fin llegamos a Cardiff a primera hora de la tarde y nos dirigimos a nuestro alojamiento en el Campus Universitario de la ciudad, punto neurálgico de la carrera.

La cola de facturación en el aeropuerto


La mañana del día siguiente llegó pronto, y por fin conocimos por primera vez a Caroline, nuestra compañera para la siguiente semana de carrera. Tan pronto como recogimos el material de carrera, mapas, petos, roadbook… nos dirigimos al supermercado para la compra de la comida de la carrera, una parte desconocida a la par que tan importante en la preparación de los días anteriores. Nuestro segundo día en Cardiff estuvo ya destinado único y exclusivamente a la carrera, brifing de equipos y de capitanes, fotos oficiales de equipo, marcaje de mapas, preparación de material y comida, y por la tarde el prólogo.


Alex, Raul y Caroline en el briefing de equipos

El prólogo que se desarrolló la tarde del sábado 9 de septiembre fue un bonito y divertido recorrido dando la vuelta a la Cardiff Bay en sentido horario. La primera mitad del prólogo se daba corriendo, cruzando el Cardiff Bay Barrage hasta el Cardiff International White Water Center, donde tocaba ponerse el casco, coger el remo y dividir el equipo en parejas para una corta y divertidísima sección de aguas bravas en el canal artificial del que disponen en estas instalaciones. Los primeros quilómetros corriendo los hicimos aguantando el ritmo del pelotón, sin darlo todo ni forzar demasiado, llegando a las aguas bravas, tuvimos un pequeño fallo al no entender que los 4 corredores tenían que estar listos antes de subirse a la “bañera” hinchable que nos dieron como embarcación, así Alex y yo ayudamos a Caroline y Raul, dándonos cuenta después que nosotros también teníamos que estar listos para poder subirlos a las barcas. Después de mojarnos de arriba abajo, tocaba la vuelta del prólogo, otros 5 quilómetros corriendo, cruzando la parte de la bahía de Cardiff llena de bares y gente paseando que tuvo su atractivo. Paramos el tiempo en 1 hora 4 minutos y 26 segundos, a 11 minutos del equipo más rápido. Esta diferencia de tiempo se multiplicaría por 3 (11 x 3 = 33 minutos) y sería el tiempo de penalización que el equipo debería estar parado en un punto de control durante el primer día de carrera.

La salida del prólogo, como si fuese el último día de vida

Divertida sección de aguas bravas en el Cardiff White Water Center


Por la noche, tocó una buena pizza para cenar y seguir con la preparación de la comida y el material. El tercer día empezó también pronto, ya que antes del mediodía se tenía que entregar todo el material empaquetado a la organización. Este material era, una caja para cada bicicleta con peso limitado a 28 kg cada una, la llamada “bolsa de equipo” con las comidas clasificadas en bolsas herméticas y divididas para cada sección de la carrera y cada corredor, también con peso limitado a 28 kg, una bolsa por corredor con el material personal de cada uno limitada al mismo peso, la bolsa de material acuático con la ropa especial para cayac, neoprenos, armillas salvavidas, el material para reparar cayacs en caso de rotura, limitado al mismo peso, el pack con los 4 remos y el pack con los 2 carros de arrastre de cayacs, como podéis imaginaros, todo esto cuesta su tiempo para prepararlo, por eso siempre decimos que la carrera empieza mucho antes de que se dé el pistoletazo de salida. La misma tarde nos esperaba un largo trayecto de unas 5 horas en autobús hasta la ciudad de Caernarfon, situada en la costa norte del País de Gales, donde se daría la salida de la carrera y casi entrada la noche tocó mojarse otra vez, con la prueba de aptitud en cayac, meterse al agua y ser evaluado por parte de expertos de la organización en técnicas de remo y rescate en el agua, por suerte el hotel no estaba lejos y el viento helado que hacía duró hasta meterse en la ducha caliente de la habitación y quedarse como nuevo!

Nuestra última noche antes de la carrera acabó con una buena cena de pasta y carne en el hotel antes de irnos a dormir temprano. Nos esperaban 5 días de carrera donde pasaríamos frío, calor, hambre y sed, así que las emociones las guardo para otro día de crónica, hasta aquí, la primera parte. En breve más y mejor.