dissabte, 20 de setembre de 2014

ITERA XP Race día 2: Cruzando el estuario de Dwyryd, la costa oeste y la salida del Snowdonia National Park



El segundo día de carrera empezó con el micro-sueño de 15 minutos con el que habíamos acabado la anterior crónica, recordad, en la parte final del trekking de 40 quilómetros en el que habíamos cruzado el Snowdonia National Park.

Esta última parte fue, la más salvaje de todas. Empezábamos con la subida al pico del Cnicht, cruzando una altiplanicie con lagos y zonas muy húmedas completamente a rumbo, con vegetación hasta la cintura y siguiendo trochas de los equipos que habían pasado un rato antes, fue de lo más auténtico y salvaje. Una vez en la cima del Cnicht y habiendo marcado el punto de control fue momento para la reflexión y el nerviosismo, ya que al echar mano del libro de ruta, nos dimos cuenta que en la sección siguiente, un cayac, había de nuevo otra barrera horaria, esta vez mucho más restrictiva, ya que indicaba que todos los equipos que no la superasen quedaban fuera de clasificación.

Aquí entró el “cague”, nos faltaba un control más por marcar en la cima del Moelwyn Mawr, una montaña que veíamos a tocar con la punta de los dedos pero a la que llegaríamos haciendo un rodeo al valle que nos separaba de ella. La decisión fue tomada unánimemente, por culpa del tiempo que habíamos perdido en la tirolina no podríamos completar esta sección, nos faltaría una baliza, así entraríamos en el “short course”, pero seguiríamos adelante. Bien, seguiríamos adelante siempre y cuando llegásemos al corte horario. 

Éramos conscientes de que el corte estaba en medio de la sección, en una pequeña orientación en el pueblo de Portmeirion, pero ni Alex ni yo que estábamos encargándonos de la orientación sabíamos a qué distancia estaba. A pesar de todo, habría que correr para llegar hasta Maentwrog, donde estaba situado el final de la sección, a partir de allí ya veríamos.

Fue una bajada del Cnicht a lo bestia, por tarteras de losas graníticas bajando a toda velocidad, y luego unos 7 u 8 quilómetros corriendo sin parar por asfalto que sin duda, nos pasarían factura, pero aquél no era el momento de pensar en el futuro, había que entrar en el corte.

Llegamos a final de sección habiendo adelantado a un equipo que ya venía en “short course”, ya sabéis, mal de muchos, consuelo de tontos… justo 30 minutos antes de la puerta horaria de Portmeirion, pero no estábamos en Portmeirion sino a unos 6 quilómetros de allí a remo y teniendo en cuenta que en medio teníamos un porteo de 3 quilómetros de los cayacs. El mundo estaba a punto de derrumbarse cuando la organización nos dio una buena noticia, más adelante os cuento cual es, antes una pequeña introducción de la siguiente sección en la que estaba esta puerta horaria.

Con 28 horas, 56 minutos y 22 segundos de carrera, nos encontrábamos en el Centro de observación del Snowdonia National Park en Maentwrog. Dispuestos a enfrentarnos a la sección 4, 40 quilómetros de cayac. Los primeros 6 quilómetros, se trataban de remar por el precioso río Dwyryd, típico de la campiña galesa con sus curvas interminables y sus prados verdes a los lados, hasta entrar en el estuario con el mismo nombre, dónde deberíamos de hacer un porteo de unos 3 quilómetros andando para superar el Briwet Bridge que estaba en obras y por seguridad no podíamos cruzarlo remando. Después volveríamos al agua y cruzaríamos el estuario hasta Portmeirion, donde haríamos una sección de orientación por el atípico pueblo digno de cuento de Walt Disney, para entrar a mar abierto y remar los siguientes 30 quilómetros hasta Barmouth. Y aquí viene la noticia de la que os hablaba anteriormente. El estado de viento y oleaje no había mejorado respecto al día anterior, y en mar abierto las condiciones para remar eran muy difíciles, a la par que peligrosas. Así de fuerte era el viento que estaba afectando hasta a los equipos que se encontraban en medio del estuario, y muchos de ellos se encontraban neutralizados en Portmeirion hasta que el viento aminorase. Debido a estas condiciones, de nuevo el cayac en el mar había sido eliminado, y se haría el trozo de mar en bicicleta hasta Barmouth.

El precioso río Dwyryd con sus parajes galeses
A nosotros estos cambios nos afectaron de la siguiente forma, deberíamos salir remando e ir hasta mitad del estuario, donde la organización había dispuesto las bicicletas para llegar a final de sección. Pues bien, esta corta sección de remo fue de las más duras que recuerdo. Por si no lo sabíais, todas las carreras de esta envergadura, son diseñadas y pensadas para los equipos que van delante luchando por ganar. Los que no tenemos este privilegio, tenemos que conformarnos con lo que vaya pasando, y en esta ocasión, la marea nos jugó una muy mala pasada. Nos tocó empezar a remar cuando la marea estaba retrocediendo, llegando a la bajamar, esto nos ayudó a la hora de empezar a remar, ya que íbamos muy rápido en los primeros 200 metros, a partir de allí, el río tenía cada vez menos agua y teníamos que ir leyendo muy bien el cauce para no quedarnos embarrancados en la arena y el barro. Tuvimos que tirar del cayac un par de veces cada embarcación, Caroline y Raul en una, Alex y yo en otra, y lo sorteamos más o menos bien hasta el porteo ya previsto a la entrada del estuario, lo peor vino después. El estuario ya es una zona donde la marea tiene una afectación enorme y cuando nosotros llegamos allí nos encontramos con un barrizal enorme que teníamos que cruzar. Remar era imposible, quedaba algún charco con un palmo de agua siendo generosos, dejar los trolleys para arrastrar los cayacs era inútil, ya que el barrizal hacía que nosotros nos hundiésemos en el barro igual que las ruedas, así que tocaría arrastrar como se pudiese los cayacs hasta la otra orilla donde nos esperaban las bicicletas.

La orientación en el pintoresco pueblo de Portmeirion

Fue un martirio, nos hundíamos cada 2 pasos hasta las rodillas, los cayacs con el peso que cargaban costaban 3 veces más de arrastrar y avanzábamos muy poco a poco, hasta que al final conseguimos llegar a la otra orilla, encontrándonos ya con más equipos (llevábamos muchas horas de completa soledad), que habían sufrido también lo suyo para llegar allí.

El estuario o barrizal de Dwyryd

Tocaba subirse de nuevo a la bicicleta, para transitar unos cuantos quilómetros por la carretera A496 paralela a la costa oeste galesa. Como os podéis imaginar, si nos habían cortado el cayac por olas y viento, en una carretera paralela a la costa, no había olas pero pegaba el viento que hasta costaba mantener la línea recta. Habíamos gastado muchas fuerzas en el final del trekking intentando llegar en el tiempo, habíamos quemado los músculos cruzando el estuario y ahora teníamos que pedalear con todas nuestras fuerzas para intentar avanzar en la bici sin caernos por culpa del viento, menuda racha llevábamos! Y no os cuento qué caras de pena se nos estaban poniendo a todos! Además, en al parte final, la organización nos había preparado la sorpresa de subir al collado de Bwich y Rhiwgyr, un sendero completamente en línea recta, con piedras sueltas del tamaño de un balón de rugby, con viento de costado y subiendo del nivel del mar a 500 metros en unos 4 quilómetros, un regalito más. Después del collado, una bajada técnica y una buena pista para llegar a Barmouth con 35 horas y 57 minutos de carrera, listos para enfrentarnos a la segunda noche de carrera.

En la transición de Barmouth, decidimos cargar bien las fuerzas, comimos y bebimos bien para recuperar en la medida de lo posible, un arroz con una lata de atún y algo de chocolatinas para recuperar calorías, cambiarse la ropa, limpiarse los dientes y la cara, zapatillas y a correr. Durante la segunda noche nos esperaba un nuevo trekking, con 40 quilómetros y 2500 metros de desnivel, cruzando en primer lugar el estuario de Mawddach por un precioso puente peatonal compartido con el tren, subiendo montaña arriba y pasando por las cimas del Craiglas, Carnedd Lwyd, Cadair Idris, Foel Ddu y Tarrenhendre, montañas de menor entidad que la noche anterior, pero más que respetables a oscuras y con casi 2 días de carrera.

El puente peatonal a la salida de Barmouth vigilado por el Cadair Idris

Empezamos la noche cuesta arriba, la seguimos cuesta abajo, para repetir este ciclo tantas veces que ya perdí al cuenta, no hubo prácticamente ni 1 metro llano, subíamos y bajábamos constantemente. La mayoría de los caminos eran senderos muy pequeños, cubiertos de piedra suelta y hierba que, con la humedad de la noche, nos mojaba los calcetines y nos mantenía los pies en una humedad constante. Debido a esto, Raúl empezó a sentir los pellizcos de las ampollas al andar, y cuando la molestia ya se hizo insoportable, sobre las 3 de la madrugada, decidimos parar a hacerse unas curas a base de limpieza, secado de pies, antiséptico, un antiinflamatorio vía oral y arriba y debajo de nuevo.

En la parte final del trekking los senderos prácticamente desaparecían, y los que quedaban estaban tapados de vegetación y muy complicados de interpretar durante las horas de noche que quedaban, por suerte pocas. Al rato aparecieron las primeras luces del día, estábamos ya cerca Machynlleth, final de sección, y con esto todo parece más fácil. En aquél momento necesité desconectar del mapa para hacerle un reset al cerebro, dejar de pensar durante unos minutos, y Alex tomó la responsabilidad en la navegación hasta el final. Pero no puedes cantar victoria hasta que llegas, y junto con las primeras luces del día apareció también otro elemento muy típico de las tierras inglesas y no se trata de té, sino la lluvia.

La lluvia trastoca la psicología humana en carrera, siempre supone una bajada de moral muy grande para todos los corredores, y nosotros no fuimos la excepción. Al empezar a llover el mundo se viene encima y pierdes la concentración, así cometimos el error de navegación más grande de toda la carrera, un error de principiantes que nos hizo perder un buen tiempo al estar leyendo el mapa con una desviación de 90 grados respecto a la vertical norte, así empezaba nuestro tercer día en ITERA Expedition Race, perdidos en las últimas estibaciones del Snowdonia National Park.

Llega la lluvia y aquí nuestro error tan cerca del final!