dimarts, 16 de desembre de 2014

EMPEZAMOS PRETEMPORADA GANANDO EN EL RAIDAVANETURA OUTDOOR SERIES DE SANT QUIRZE



El pasado fin de semana de 12-13 de diciembre fue diferente, fue especial. Lo esperaba ansioso ya que el viernes 12 me habían propuesto poder compartir mesa con dos cracks del mundo de los raids como son Xavi Rodriguez y Albert Roca para hacer una charla sobre nuestra experiencia en ITERA Expedition Race del pasado agosto, por supuesto, acepté encantado. Fue un placer poder compartir las vivencias de la carrera con la treintena de personas que asistieron al acto, entre familiares, amigos y desconocidos llenaros la sala en la que hicimos el audiovisual, y sobretodo fue un orgullo ser protagonista junto a Xavi y Albert.

Pero el intenso fin de semana no acabó aquí, ya que el sábado la gente de RaidAventura nos invitaron a participar en el raid que cerraba su campeonato en la misma localidad de Sant Quirze, un raid corto, rápido y muy entretenido en el que correría también de forma diferente, lo haría con mi primo Adrià ahora que ha regresado ya de hacerse las Américas. Os cuento un poco como fue la carrera.

Los días previos, entre viajes de trabajo no tuve prácticamente tiempo a preparar nada, tan siquiera a informarme de las distancias de la carrera, ya que preferí invertir el tiempo que tenía en preparar la charla del viernes. Así pues, me presentaría a la línea de salida, después de 20 días de descanso absoluto, sin haber entrenado nada, sin haber asimilado prácticamente las distancias de carrera, haciendo equipo con un atleta que corre que se las pela, y contra mis propios compañeros de equipo y los rivales que normalmente están en cada raid, mejor no podíamos empezar.

La tarde antes, tengo que reconocerlo, intenté estudiar un poco las modalidades deportivas que nos tocaban, y la misma mañana me dediqué a estudiar qué equipos estaban en la salida, desgranando quienes corrían elite y quienes en aventura. La conclusión fue que había que llegar a la sección de orientación especifica de mitad de carrera sin haber perdido mucho tiempo respecto a la cabeza de carrera, máximo 10 minutos, allí recuperarlos e intentar ampliarlos, no me encontraba al 100% físicamente pero si orientando. 

La carrera no pudo ir mejor, la primera sección un trail de 2.8 km, siguiendo cintas, con casi 400 de desnivel que hicimos en menos de 18 minutos! Llegamos los primeros seguidos de los chicos de Trangoworld, pocos segundos hasta recuperar la sangre al cerebro y coger un mapa de orientación para volver al punto de partida cogiendo unas cuantas balizas, allí los segundos nos siguieron a unos metros durante las dos primeras, después desaparecieron. Fuimos clavando todas las balizas y llegamos al final en unos 40 minutos. Allí cogimos las bicicletas y justo cuando salíamos llegaban Alex y Joan, el otro equipo de los nuestros, segundos, del resto no había ni rastro. Salimos pedaleando y Alex y Joan se nos acercaron hasta la segunda baliza, allí nos fuimos unos minutos más y llegamos aventajándoles en unos 5 minutos a la prueba especial de hípica, un circuito a caballo muy divertido y que era la gran novedad en esta carrera, allí nos vimos por última vez, haciendo alguna broma de las nuestras y salimos rápido otra vez con la bicicleta.

En 1 hora 25 minutos nos plantamos en la orientación específica, la última referencia que teníamos eran esos 5 minutos de ventaja, así los planes salían bien y si no fallábamos orientando sería difícil que nos pillasen. Hicimos la orientación específica a muy buen ritmo, clavando todas las balizas, hasta las que estaban desplazadas de su ubicación! Increíble! Y en menos de 2 horas nos plantamos de nuevo en el final de la sección.

Nos quedaba por delante otra BTT, la más larga del raid y con más desnivel. El mapa, una auténtica ratonera, muchos senderitos arriba y abajo que hicieron mis delicias orientando, sobretodo porque salió todo bien, sin ningún error, hicimos la prueba especial de tiro con arco pésima (como siempre), el slackline impecable y el rápel también impecable, y con un tiempo de 4 horas y 9 minutos cruzamos la línea de meta casi una hora antes del tiempo previsto por la organización. Alex y Joan llegaron los segundos, a unos 40 minutos, y los Palitos para Perros terceros a mucho más tiempo.


La conclusión, esta carrera de pre-temporada, la primera, no podía ser mejor, hicimos un muy buen equipo con Adrià (primo, no te vayas al triatlón, los raids son mucho mejores), el equipo Aventura X-Perience dominó apabullantemente toda la carrera de principio a fin, y con esto es visto que aunque lleve días sin entrenar, NO ESTAMOS TAN MAL!

Chicos de RaidAventura, queremos las fotos ya!!

Enlace al track del raid AQUÍ.

dilluns, 13 d’octubre de 2014

Una de triatlón



Hoy haré una pausa en las crónicas que os voy escribiendo sobre nuestra participación en ITERA Expedition Race para contaros una de triatlón, si si, habéis oído bien, TRIATLÓN.

Los que me conocéis, sabéis enormemente mi relación de amor/odio con este deporte, y para los que no sabéis de lo que estoy hablando, admiro esta modalidad deportiva pero no admiro tanto a algunos de sus practicantes, dicho queda…

El motivo de mi post va relacionado con la reciente celebración en Calella del Ironman de Barcelona, una prueba dura, ya que por su falta de desnivel se alcanzan medias desorbitadas, y mantener aquellas velocidades durante un buen puñado de horas no es para nada fácil.

Pues bien, a lo que iba, está corriendo por la red un video con muy buenas imágenes de la carrera, en la parte final de este vídeo, aparecen las imágenes de la llegada de algunos corredores, con las imágenes de un corredor exhausto, que apenas puede mantenerse en pie por el esfuerzo, que se cae al suelo en varias ocasiones debido a que lo ha dado todo en esta carrera, seguro que muchos sabéis del vídeo del que estoy hablando. Después de haber visto este vídeo y ver como muchos de vosotros lo compartíais o comentabais en las redes sociales, tengo una opinión en mi mente que debo soltar.

Algunos decís que se trata de un héroe, de una persona con el deseo de alcanzar un sueño y que va a llegar al borde del abismo para alcanzarlo, otros comentáis que se trata de un espectáculo lamentable, de alguien que siguiendo una moda ha querido emular a los que salen en las revistas sin estar preparado para hacerlo, como os digo siempre, para gustos los colores y todas las opiniones deben ser respetadas y aceptadas, pero ahora viene la mía, ¿de verdad nadie se ha dado cuenta de que mientras este deportista se tambalea en los últimos metros para alcanzar su sueño, 4 corredores más pasan a su lado sin apenas dedicarle una mirada de atención y ya menos un intento para ayudarle?

Señores triatletas, lo que vosotros tanto admiráis y practicáis es un DEPORTE, y este estilo de vida lleva intrínsecos los valores de deportividad, solidaridad y compañerismo, aptitudes todas ellas descritas en el reglamento de competición de la correspondiente Federación Internacional, sincera y personalmente me parece vergonzoso lo que hacen estas 4 personas, ya no voy a llamarles deportistas porque no lo son. Disculpad mis ideas radicales que me pasan por la cabeza de vez en cuando, pero si por mi fuese estos 4 estarían descalificados immediatamente.

Dicho queda, algún día me veréis en alguno de ellos, pero no voy a ganarlo ya que estaré practicando el deporte que tanto admiro.

Y aquí os cuelgo el vídeo:



Y para los que no entendéis mi opinión, os dejo que hagáis la comparativa con otro vídeo, este si de mi deporte, los raids de aventura, se trata de la llegada de los equipos Adidas Terrex y Team Tecnu, en el pasado mundial, disputándose una plaza en el cajón de podio, esto si es un deporte:


dissabte, 20 de setembre de 2014

ITERA XP Race día 2: Cruzando el estuario de Dwyryd, la costa oeste y la salida del Snowdonia National Park



El segundo día de carrera empezó con el micro-sueño de 15 minutos con el que habíamos acabado la anterior crónica, recordad, en la parte final del trekking de 40 quilómetros en el que habíamos cruzado el Snowdonia National Park.

Esta última parte fue, la más salvaje de todas. Empezábamos con la subida al pico del Cnicht, cruzando una altiplanicie con lagos y zonas muy húmedas completamente a rumbo, con vegetación hasta la cintura y siguiendo trochas de los equipos que habían pasado un rato antes, fue de lo más auténtico y salvaje. Una vez en la cima del Cnicht y habiendo marcado el punto de control fue momento para la reflexión y el nerviosismo, ya que al echar mano del libro de ruta, nos dimos cuenta que en la sección siguiente, un cayac, había de nuevo otra barrera horaria, esta vez mucho más restrictiva, ya que indicaba que todos los equipos que no la superasen quedaban fuera de clasificación.

Aquí entró el “cague”, nos faltaba un control más por marcar en la cima del Moelwyn Mawr, una montaña que veíamos a tocar con la punta de los dedos pero a la que llegaríamos haciendo un rodeo al valle que nos separaba de ella. La decisión fue tomada unánimemente, por culpa del tiempo que habíamos perdido en la tirolina no podríamos completar esta sección, nos faltaría una baliza, así entraríamos en el “short course”, pero seguiríamos adelante. Bien, seguiríamos adelante siempre y cuando llegásemos al corte horario. 

Éramos conscientes de que el corte estaba en medio de la sección, en una pequeña orientación en el pueblo de Portmeirion, pero ni Alex ni yo que estábamos encargándonos de la orientación sabíamos a qué distancia estaba. A pesar de todo, habría que correr para llegar hasta Maentwrog, donde estaba situado el final de la sección, a partir de allí ya veríamos.

Fue una bajada del Cnicht a lo bestia, por tarteras de losas graníticas bajando a toda velocidad, y luego unos 7 u 8 quilómetros corriendo sin parar por asfalto que sin duda, nos pasarían factura, pero aquél no era el momento de pensar en el futuro, había que entrar en el corte.

Llegamos a final de sección habiendo adelantado a un equipo que ya venía en “short course”, ya sabéis, mal de muchos, consuelo de tontos… justo 30 minutos antes de la puerta horaria de Portmeirion, pero no estábamos en Portmeirion sino a unos 6 quilómetros de allí a remo y teniendo en cuenta que en medio teníamos un porteo de 3 quilómetros de los cayacs. El mundo estaba a punto de derrumbarse cuando la organización nos dio una buena noticia, más adelante os cuento cual es, antes una pequeña introducción de la siguiente sección en la que estaba esta puerta horaria.

Con 28 horas, 56 minutos y 22 segundos de carrera, nos encontrábamos en el Centro de observación del Snowdonia National Park en Maentwrog. Dispuestos a enfrentarnos a la sección 4, 40 quilómetros de cayac. Los primeros 6 quilómetros, se trataban de remar por el precioso río Dwyryd, típico de la campiña galesa con sus curvas interminables y sus prados verdes a los lados, hasta entrar en el estuario con el mismo nombre, dónde deberíamos de hacer un porteo de unos 3 quilómetros andando para superar el Briwet Bridge que estaba en obras y por seguridad no podíamos cruzarlo remando. Después volveríamos al agua y cruzaríamos el estuario hasta Portmeirion, donde haríamos una sección de orientación por el atípico pueblo digno de cuento de Walt Disney, para entrar a mar abierto y remar los siguientes 30 quilómetros hasta Barmouth. Y aquí viene la noticia de la que os hablaba anteriormente. El estado de viento y oleaje no había mejorado respecto al día anterior, y en mar abierto las condiciones para remar eran muy difíciles, a la par que peligrosas. Así de fuerte era el viento que estaba afectando hasta a los equipos que se encontraban en medio del estuario, y muchos de ellos se encontraban neutralizados en Portmeirion hasta que el viento aminorase. Debido a estas condiciones, de nuevo el cayac en el mar había sido eliminado, y se haría el trozo de mar en bicicleta hasta Barmouth.

El precioso río Dwyryd con sus parajes galeses
A nosotros estos cambios nos afectaron de la siguiente forma, deberíamos salir remando e ir hasta mitad del estuario, donde la organización había dispuesto las bicicletas para llegar a final de sección. Pues bien, esta corta sección de remo fue de las más duras que recuerdo. Por si no lo sabíais, todas las carreras de esta envergadura, son diseñadas y pensadas para los equipos que van delante luchando por ganar. Los que no tenemos este privilegio, tenemos que conformarnos con lo que vaya pasando, y en esta ocasión, la marea nos jugó una muy mala pasada. Nos tocó empezar a remar cuando la marea estaba retrocediendo, llegando a la bajamar, esto nos ayudó a la hora de empezar a remar, ya que íbamos muy rápido en los primeros 200 metros, a partir de allí, el río tenía cada vez menos agua y teníamos que ir leyendo muy bien el cauce para no quedarnos embarrancados en la arena y el barro. Tuvimos que tirar del cayac un par de veces cada embarcación, Caroline y Raul en una, Alex y yo en otra, y lo sorteamos más o menos bien hasta el porteo ya previsto a la entrada del estuario, lo peor vino después. El estuario ya es una zona donde la marea tiene una afectación enorme y cuando nosotros llegamos allí nos encontramos con un barrizal enorme que teníamos que cruzar. Remar era imposible, quedaba algún charco con un palmo de agua siendo generosos, dejar los trolleys para arrastrar los cayacs era inútil, ya que el barrizal hacía que nosotros nos hundiésemos en el barro igual que las ruedas, así que tocaría arrastrar como se pudiese los cayacs hasta la otra orilla donde nos esperaban las bicicletas.

La orientación en el pintoresco pueblo de Portmeirion

Fue un martirio, nos hundíamos cada 2 pasos hasta las rodillas, los cayacs con el peso que cargaban costaban 3 veces más de arrastrar y avanzábamos muy poco a poco, hasta que al final conseguimos llegar a la otra orilla, encontrándonos ya con más equipos (llevábamos muchas horas de completa soledad), que habían sufrido también lo suyo para llegar allí.

El estuario o barrizal de Dwyryd

Tocaba subirse de nuevo a la bicicleta, para transitar unos cuantos quilómetros por la carretera A496 paralela a la costa oeste galesa. Como os podéis imaginar, si nos habían cortado el cayac por olas y viento, en una carretera paralela a la costa, no había olas pero pegaba el viento que hasta costaba mantener la línea recta. Habíamos gastado muchas fuerzas en el final del trekking intentando llegar en el tiempo, habíamos quemado los músculos cruzando el estuario y ahora teníamos que pedalear con todas nuestras fuerzas para intentar avanzar en la bici sin caernos por culpa del viento, menuda racha llevábamos! Y no os cuento qué caras de pena se nos estaban poniendo a todos! Además, en al parte final, la organización nos había preparado la sorpresa de subir al collado de Bwich y Rhiwgyr, un sendero completamente en línea recta, con piedras sueltas del tamaño de un balón de rugby, con viento de costado y subiendo del nivel del mar a 500 metros en unos 4 quilómetros, un regalito más. Después del collado, una bajada técnica y una buena pista para llegar a Barmouth con 35 horas y 57 minutos de carrera, listos para enfrentarnos a la segunda noche de carrera.

En la transición de Barmouth, decidimos cargar bien las fuerzas, comimos y bebimos bien para recuperar en la medida de lo posible, un arroz con una lata de atún y algo de chocolatinas para recuperar calorías, cambiarse la ropa, limpiarse los dientes y la cara, zapatillas y a correr. Durante la segunda noche nos esperaba un nuevo trekking, con 40 quilómetros y 2500 metros de desnivel, cruzando en primer lugar el estuario de Mawddach por un precioso puente peatonal compartido con el tren, subiendo montaña arriba y pasando por las cimas del Craiglas, Carnedd Lwyd, Cadair Idris, Foel Ddu y Tarrenhendre, montañas de menor entidad que la noche anterior, pero más que respetables a oscuras y con casi 2 días de carrera.

El puente peatonal a la salida de Barmouth vigilado por el Cadair Idris

Empezamos la noche cuesta arriba, la seguimos cuesta abajo, para repetir este ciclo tantas veces que ya perdí al cuenta, no hubo prácticamente ni 1 metro llano, subíamos y bajábamos constantemente. La mayoría de los caminos eran senderos muy pequeños, cubiertos de piedra suelta y hierba que, con la humedad de la noche, nos mojaba los calcetines y nos mantenía los pies en una humedad constante. Debido a esto, Raúl empezó a sentir los pellizcos de las ampollas al andar, y cuando la molestia ya se hizo insoportable, sobre las 3 de la madrugada, decidimos parar a hacerse unas curas a base de limpieza, secado de pies, antiséptico, un antiinflamatorio vía oral y arriba y debajo de nuevo.

En la parte final del trekking los senderos prácticamente desaparecían, y los que quedaban estaban tapados de vegetación y muy complicados de interpretar durante las horas de noche que quedaban, por suerte pocas. Al rato aparecieron las primeras luces del día, estábamos ya cerca Machynlleth, final de sección, y con esto todo parece más fácil. En aquél momento necesité desconectar del mapa para hacerle un reset al cerebro, dejar de pensar durante unos minutos, y Alex tomó la responsabilidad en la navegación hasta el final. Pero no puedes cantar victoria hasta que llegas, y junto con las primeras luces del día apareció también otro elemento muy típico de las tierras inglesas y no se trata de té, sino la lluvia.

La lluvia trastoca la psicología humana en carrera, siempre supone una bajada de moral muy grande para todos los corredores, y nosotros no fuimos la excepción. Al empezar a llover el mundo se viene encima y pierdes la concentración, así cometimos el error de navegación más grande de toda la carrera, un error de principiantes que nos hizo perder un buen tiempo al estar leyendo el mapa con una desviación de 90 grados respecto a la vertical norte, así empezaba nuestro tercer día en ITERA Expedition Race, perdidos en las últimas estibaciones del Snowdonia National Park.

Llega la lluvia y aquí nuestro error tan cerca del final!

dijous, 18 de setembre de 2014

ITERA XP Race día 1: Travesía del estrecho de Menai, la costa norte de Gales y la bienvenida al Snowdonia


El lunes día 11, el despertador sonó muy temprano. La noche había sido lo más larga posible, y el descanso con los nervios de la carrera había sido mínimo. A las 6 de la mañana nos plantamos en el buffet de desayuno del hotel, una última comida caliente a base de huevos, beicon, salchichas y las inglesas “baked beans” para llenar de gasolina el depósito. El tiempo pasó muy rápido, y al cabo de una hora teníamos que estar ya en la salida para recoger los GPS, las fotos oficiales y salir a las 8 en punto.

Los momentos previos a la salida, soledad y concentración
La salida de la carrera, en el precioso pueblo norte-galés de Caernarfon, se haría desde el interior del magnífico castillo de la ciudad, un castillo que seguro vivió mil y una batallas contra piratas y bárbaros conquistadores en sus tiempos de uso, pero nunca había vivido el inicio de una batalla tan peculiar como la nuestra. De salida, se harían 2 vueltas corriendo al pueblo, para después dirigirnos a la zona dónde los cayacs estaban aparcados, cargarlos con el material y empezar a remar en la primera sección en serio de la carrera.

Pero unos minutos antes saltó la primera sorpresa, el director de carrera, James Thurlow, hizo un llamamiento a los capitanes y nos reunió en el centro del castillo para explicarnos que la primera sección se tenía que acortar. La segunda mitad del cayac transcurría a mar abierto, y el día se había levantado con vientos muy violentos y olas de hasta 3 metros que hacían muy peligrosa la travesía. La organización había decidido que remaríamos hasta el muelle de Bangor, donde se acababa el estrecho de Menai y empezaba el mar abierto, y que allí nos informarían de como seguía la carrera. Personalmente odio no tener las situaciones bajo control, la incertidumbre me genera intranquilidad.
La sección 0, a modo de exhibición en el pueblo de Caernarfon, trataba de 2 vueltas al pueblo hasta llegar a los cayacs. Para perder el menor tiempo posible en la subida a la embarcación, decidimos ya vestirnos con la ropa acuática, neoprenos, pantalones impermeables, chaquetas, y aunque pasamos un poquitín de calor en los 3 quilómetros de carrera a pie, lo soportamos para llegar al cayac con más ganas de mojarnos.

Instantes antes a la salida en el bonito castillo de Caernarfon
Así pues, llegamos a los cayacs con el “pelotón”, y nos dispusimos a asegurar las mochilas y la bolsa estanca de equipo encima de las embarcaciones. Con la incertidumbre que nos depararía la segunda mitad de sección, como no sabíamos que es lo que pasaría, decidimos también cargar los carros para portear los cayacs, por lo que pudiera pasar, fuimos los únicos que lo hicimos, y tampoco hubiese sido necesario. La navegación consistió en la travesía de sur a norte del estrecho de Menai, saliendo de Caernarfon hasta Bangor. A primera hora de la mañana, la marea estaba en su punto álgido de plenamar, y realmente, con nuestra mentalidad mediterránea nos dimos cuenta de la fuerza del agua en un océano como el Atlántico, ya que la corriente de la marea doblaba las boyas a casi 45º de inclinación, y por supuesto, nos hacía volar por encima del agua.

Mantuvimos un buen ritmo, aunque desde el principio estuvimos pensando que éramos unos pésimos remadores (lo somos) y que el resto iban todos mucho más rápidos que nosotros, descubrimos al final que no lo hacíamos tan mal, o bien que la corriente nos había ayudado mucho, y que llegamos con equipos con buenos remadores, la cosa no había ido mal, y en menos de 2 horas nos plantamos en el muelle de Bangor.

Allí era donde nos tenían que informar, y nos comentaron que dirección de carrera había decidido que se debería acabar de completar la sección de cayac hasta Conwy con la bicicleta, sobre el mapa nos indicaron la ruta a seguir, un GR marcado de arriba abajo y llegar a final de sección. Así pues los temidos 40 quilómetros de remo se convertirían en unos 20 más 20. La parte de BTT fue muy bonita, subiendo ya las primeras colinas siguiendo el North Wales Path, y con unas vistas magníficas sobre la costa norte de Gales.

A las 4 horas y media nos plantamos ya en Conwy para disputar la sección especial de orientación por dentro del fantástico castillo y las murallas medievales circundantes, un entorno lleno de turistas que se sorprendían al ver a tantos equipos buscando las bases sportident para marcar su paso. Una sección de orientación rápida, ya que en 30 minutos exactos estábamos de nuevo en las bicicletas para seguir con el desarrollo previsto de la carrera.

Magníficas imagenes del equipo en la orientación por el Castillo de Conwy

Una vez aparcados los cayacs, tocaba la que debería ser primera sección de BTT (aunque realmente fuese la segunda),40 quilómetros con 1000 metros de desnivel entre Conwy y el Lago de Ogwen, en las primeras estibaciones del Snowdonia National Park.

El recorrido de la BTT transcurría en dirección contraria a la que había sido BTT inicial, pero unos quilómetros más al interior, es decir, con colinas algo más altas y las mismas preciosas vistas sobre la costa norte. En la parte final de la sección, cuando el recorrido se dirigía definitivamente hacia el interior, estaba situada la prueba especial del Zip World, que coincidía con el primer corte horario de la carrera. El Zip World, es según nos anunciaron, la tirolina más rápida del mundo, 2 quilómetros y medio en los que se llega a velocidades cercanas a los 160 km/h. La tirolina está situada encima de una antigua enorme cantera de granito, que con las dimensiones del agujero de extracción, hace que ni te enteres de la velocidad a la que bajas. Con 9 horas y 11 minutos de carrera llegamos pedaleando al Zip World (la puerta horaria estaba en 12 horas y media).

La vista des de la cima del Zip World
A pesar de llegar con mucho margen a la tirolina, había que tener en cuenta que acarreaba una pérdida de tiempo muy grande para los equipos del gran grupo. En primer lugar, porque era el punto dónde habría que cumplir la sanción establecida en el prólogo, los famosos 33 minutos que aprovechamos para comernos una pedazo de hamburguesa del chiringuito local, además de la lentitud en la cola de equipos para bajar. Había que remontar andando unos 3 quilómetros hasta la cima de la tirolina para después bajarla en pocos segundos, junto con la penalización de tiempo, estuvimos en el Zip World justo 1 hora y 59 minutos, imaginaros la lentitud! La pérdida de tiempo fue enorme y como veréis nos perjudicó en la resolución de la sección siguiente. Pero bueno, tocó disfrutar de la tirolina, volver a montarse a la bici, y llegar al lago de Ogwen al final de la tarde.


La siguiente sección se presentaba como una sección clave, un trekking de 40 quilómetros y 3500 metros de desnivel cruzando el corazón del Snowdonia National Park, pasando por las cumbres del Tryfan, el Glyder Fach, el Glyder Fawr, y el famoso Snowdon cima más alta de País de Gales, junto con el Yr Aran, el Cnicht y el Moelwyn Mawr, un buen número de cimas que, aunque la más alta no supera los 1085 metros de altura, se encuentran en una paisaje y entorno digno de la alta montaña.

Sabíamos que gran parte de este trekking se haría de noche, por lo tanto había que ganar tiempo y salir cuanto antes a por las montañas, y en la transición llegaron los primeros momentos de estrés y nervios. La subida hacia la primera baliza de la sección y primera cima, el Tryfan, debía hacerse por un recorrido obligatorio con pasos no equipados de grado 2 y 1, así pues todos nos apuramos a entregar el material para intentar pasar la parte técnica con luz del día, bien todos menos Raul, que como buen novato del equipo estaba aún en fase de aprendizaje y se llevó ya una de mis primeras broncas (lo siento Raul por todas ellas, pero te las merecías ;)) por tener que esperarlo durante unos minutos.

Finalmente salimos corriendo a toda prisa y conseguimos pasar los pasos técnicos con luz solar, fuimos el último equipo en hacerlo, y estuvimos seguros que los que venían detrás sufrieron de lo lindo! Una vez en la primera cumbre, había que progresar por la cresta hasta el siguiente control en el Glynder Fawr, y aquí descubrimos él porque habíamos fichado a Caroline para el equipo, conocía la zona y conocía muchos pequeños trucos que hacía nos ahorrásemos pequeñas grimpadas arriba y abajo que otros equipos hacían por ir siguiendo la cresta. Esto nos hizo ganar tiempo, y alcanzamos un par de equipos que iban por delante de nosotros ya con la noche bien entrada rodeados del encanto de andar por la montaña con las luces de los frontales.

El siguiente control se encontraba en la cima del Snowdon, un lugar emblemático en la literatura galesa. Es una montaña muy turística, hasta un tren llega a su cima, y todos los caminos que conducen a la cumbre están muy marcados y no tienen pérdida. Pero para llegar a estos caminos hay que desenvolverse orientando de noche. Las faldas de las montañas galesas tienen la peculiaridad de ser auténticas alfombras de hierba y en estas alfombras es maravilloso echar mano a la brújula y clavar los rumbos.

Una vez culminado el Snowdon, con ya 18 horas y 46 minutos de carrera (casi a las 3 de la madrugada), tocaba seguir cresteando hasta el Yr Aran, una montaña menos turística, y por lo tanto con un flanqueo mucho más lento y en el que teníamos que poner los 5 sentidos para no desviarnos de la ruta establecida, uuufff como lo sudamos!! Tardamos casi 2 horas en llegar a la cima, pero llegamos, y después tocaba bajar ya con las primeras luces del día.

La bajada transcurría por un auténtico laberinto de muros de piedra, riachuelos, y campos de helechos que nos llegaban a la cintura. Con las primeras luces del día, llegó mi tradicional bajón post-primera noche, el que ya me esperaba, y Alex tuvo que acarrear la responsabilidad de la orientación, cosa que hizo a las mil maravillas.

Una vez acabada la bajada llegamos al pueblo de Coed Craflwyn, perdido de la mano de Dios, y allí decidimos hacer la primera parada para un micro-sueño ya que Caroline y yo íbamos durmiendo. Fue un sueño corto y reparador, y en 15 minutos volvimos a estar de pie para seguir adelante después de la primera noche de carrera y las primeras 24 horas.

La parada por micro-sueño, las caras una auténtica postal